DOVYDAS POVYLAITIS REGRESA A SU MUNDO. (PARTE 6\6)

No se sabe  a ciencia cierta en que momento Dovydas Povilaitis pasó a juntarse con las direcciones de los pueblos originarios de Itzalku y de otras jurisdicciones, entre las cuales no podía faltar la de Sonsonate. Pero luego que el rumor llegó a la prensa, los periodistas acudieron en su afán de transformar los acontecimientos en noticia.

Las reuniones fueron a puerta cerrada y todos sabemos el celo con que las direcciones de los pueblos originarios guardan la gestión de sus actividades. Los de la prensa, decepcionados, de a pocos, abandonaron el lugar.

Semanas después, Dovydas se dirigió hacia El Pital, en Chalatenango. Estuvo allí con un grupo de amigos que lo acompañaban. Cuentan algunos locales que después de pasar la noche entre bebidas calientes, pláticas y pocas horas de sueño, todos estaban de mejor humor que el día anterior y el amanecer estaba espléndido.

Era una mañana particularmente translúcida que evocaba añoranzas por nada en particular. Ya desde temprana hora de la mañana se notó alrededor del cuerpo de Dovydas ciertos efectos ópticos que daban la impresión que él comenzaba a quedar aparte de los demás. Estaba separado por una especie de inquietos enjambres compuestos de diminutas variaciones del aire, o quizás, podrían ser mejor descritas como variaciones de  color y de luz.

Estas partículas eran inexplicablemente diminutas pero visibles,  con una voluntad de movimiento nunca antes visto por ninguno de los presentes y que desafiaban la propia intuición y el lenguaje. Al observarlas con atención por un largo periodo algunas parecían estar en dos o más lugares al mismo tiempo, se multiplicaban, provocaban destellos y reaparecían en otro lugar.

Así se pasó el resto de la mañana. Dovydas hablaba poco y pidió a sus acompañantes que guardasen una distancia prudente de su persona. A medio día y sin que la situación hasta aquel momento suscitara ninguna alarma, notaron algunos cambios en el novupellis y en el rostro de Dovydas.

Parecía que partes de su cuerpo y de su rostro se revolvían y se volvían a juntar en remolinos de  puntitos de luz que no parecían otra cosa, a no ser, y de manera sorprendente, su propia persona. No había nada del lado de «afuera» o alrededor de Dovydas Povilaitis, era él mismo que podía ser, al parecer, algo diferente.

Llegado cierto momento, Dovydas sonrió y emocionado se despidió de forma afectuosa de todos y les solicitó que no se acercaran demasiado, que él estaba ya a camino de 2070.  Uno de los presentes se dirigió a Dovydas y le preguntó si estaba feliz de finalmente regresar a su mundo. Él sonrió y dijo que no había otros mundos, que este era el mundo de todos y que todos debíamos compartir. Que nunca más habría otro, que todos los mundos de la humanidad eran el mismo mundo.

Nadie tuvo tiempo de reaccionar a la aproximación de una gallina y sus pollitos que picoteaban el suelo de grama y tierra alrededor de Dovydas. Rápida pero suavemente, la gallina se transformó con todo y pollitos en una graciosa estela de pequeñísimos destellos y pedacitos indiferenciados de materia, que como un listón iban y venían guiados por una extraña motivación.

Cuentan que durante varias horas después de la transportación de Dovydas, aún se podían percibir  pequeños remolinos de polvo, hojas secas de pino y casi imperceptibles luminiscencias  que jugaban como dentro de un tubo imaginario donde por largo rato nadie se atrevió a acercarse.

Los periodistas por supuesto llegaron solamente un par de días después de la partida de Dovydas. Aún así se dedicaron con pasión a recoger de los presentes las escasas sobras de eventos tan difíciles de traducir en palabras.

Era increíble darse cuenta que cada relato contado por alguno de los que estuvieron presentes, acerca de los mismos sucesos anteriormente narrados, era un relato diferente e igualmente verdadero. Nunca antes había parecido tan claro y compresible que hasta la más pequeña realidad, se construye de infinitos relatos de múltiples eventos.

Como sabemos, semanas antes de su transportación, Dovydas Povilaitis estuvo viviendo con las autoridades de los pueblos originarios, donde se cuenta que sostuvieron largas pláticas a las que ni la prensa ni las representaciones gubernamentales tuvieron acceso.

De estas reuniones existe una serie de testimonios de las gentes sin que se puedan establecer las fronteras entre los hechos y la imaginación popular. Sabido es que la mitología moderna envuelve toda una mística entre ciencia ficción, mitología de las culturas ancestrales (como la egipcia y la Maya) e infinidad de mitologías religiosas.

Además,  todas estas  mitologías modernas se juntan a otras igualmente en boga como la de los extraterrestres y las que pregonan que la tecnología es la respuesta a todos los males o que es el único mal de la humanidad.

Pero como dijo Dovydas Povilaitis: todos los mundos imaginados por la humanidad, como los Infiernos, los Olimpos, los Horizontes de Acontecimientos, las fábulas y la literatura, todos pertenecen a este mismo y único mundo de lo que es humano y na más.

San Salvador 2020