¿CÓMO LLEGÓ EL SALVADOR Y EL MUNDO A 2070? (PARTE 2/6)

Cincuenta años antes de la revolución Neutrina (energía) y Naúryz-Meyramy (comunicaciones), el estado anímico de la población mundial estaba basado en el modelo de  rentabilidad económica que había dominado la industria y la sociedad durante poco menos de tres siglos.

Este modelo de rentabilidad económica en el orden mundial se abalanzó sobre la humanidad como una onda gigantesca cubriendo todo el horizonte del quehacer, de los sueños y de la imaginación.  Pero muy pronto se reveló abundante de los más funestos presagios. La impotencia y el estrés de la población mundial debido a la contaminación de los recursos naturales, a su pésima salud por la alimentación pobre en nutrientes y a los desperdicios industriales, pasaron la factura a un precio bastante alto.

Pero en un abrir y cerrar de ojos, de una manera casi mágica, en el fondo propiciado por la acción de la tecnología-ciencia y de la acción arrebatadora de la humanidad, en tres décadas se logró que esa esa onda gigantesca, aparentemente imparable, no llegara siquiera a reventar. Su oscuro lomo de agua se desinfló con pesadez, disolviéndose en la arena de una manera silenciosa y sin trascendencia.

Puedo imaginar el asombro que sería para un ciudadano de esas décadas pasadas (…si el viaje en el tiempo fuera posible), saber que la alimentación de la humanidad ya no depende más del sometimiento de animales al secuestro, hacinamiento y la muerte. el sometimiento del suelo “fértil» del planeta a una rutina incesante de cultivo en busca de materias primas y de alimento. Y más grave aún, someter al encierro de humanos en centros de producción a cambio de una apagada sobrevivencia.

Fue titánico el esfuerzo realizado por todas las regiones ciudadanas del planeta intentando borrar la huella de la explotación de la tierra fértil. Pués la tierra útil al cultivo, ya agotada desde hace siglos e incapaz de regenerarse por sí misma, estaba completamente dependiente de agrotóxicos y consumiendo cantidades incalculables de agua potable.

Esta misma agua, una vez vertida sobre esas enormes plantaciones, se filtraba hacia los mantos acuíferos, o era arrastrada hacia los rios, lagos y al océano por la acción de la lluvia llevando consigo toneladas de agrotóxicos.

Si por un lado siempre estuvieron presentes asociaciones ciudadanas esforzándose por limpiar el planeta, esfuerzos individuales preocupados con una nueva conciencia contra la producción de superfluos o a favor de una alimentación menos industrial, el momento en que estas dejarían ser preocupaciones solamente de algunos ciudadanos regados por el mundo, no se hizo esperar demasiado.

A partir del año 2035, la humanidad del planeta se desaceleró. Entró en un tiempo más ancho, contemplativo y acentuadamente reflexivo. Como ya les mencioné, el desasosiego provocado por el modelo de aumento de la productividad de superfluos, se desvaneció por completo. Eso permitió que surgieran nuevas demandas sociales antes inimaginables.

Los centros de producción de alimentos y de bienes materiales se volvieron ajenos a las ganancias desenfrenadas. Las comunidades del mundo se dedican, a partir de entonces, a intercambiar soluciones para sus problemas a través de los nuevos sistemas de transporte y comunicación global en un incansable ir y venir de ánimo voluntario.

A partir de entonces la vida diaria y los objetos que la rodean dejaron de ser símbolos de prestigio social para quien los posee. Pués ahora, la población mundial, mucho más longeva, sana y tranquila, encuentra en los espacios de la vida privada como pública, impresoras tridimensionales que funcionan a base de un material formado por fibras de Nano-carbono  (en el caso de la fabricación de objetos o aparatos) o sustancias a base de proteínas, carbohidratos y diversos nutrientes (en la elaboración de alimentos).

Desde nuestros alimentos, pasando por nuestra ropa el “Novupellis”, un biciclo solar para los pequeños, como bien los utensilios básicos de nuestra existencia cotidiana, todos ellos  pueden ser fabricados en una de estas  impresoras en cuestión de minutos.

El revolucionario tejido de nanofibras de carbono “Novupellis” posibilitó a los ciudadanos un atuendo único que, como una segunda piel, no permite la pérdida de energía, mantiene la temperatura del cuerpo constante, manteniendo monitoreo de las funciones vitales y protección contra las partículas provenientes del espacio.

Hoy en día, a los ciudadanos menores de quince años que están en los Institutos de Acumulo de Experiencia (IAE) les resulta gracioso estudiar las formas del vestuario de hace medio siglo, cuando el vestuario aún poseía características de diferenciación por castas sociales, por humor, oficio, jerarquía institucional, género; o incluso, edad biológica.

DOVYDAS POVILAITIS

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FOTOGRAFÍA: Importante pieza destinada a la investigación de partículas atómicas es transportada a su destino en Suiza,  suscitando curiosidad y alboroto a su paso.