¿COVERS VS. ORIGINALES?

Cada cierto tiempo resurge completamente renovada la discusión entre las cualidades, las diferencias, y posibles similitudes entre los músicos que se dedican a tocar en bandas de rock, así llamadas de «cover» o de «tributo» y las bandas que dedican su esfuerzo a la composición musical original. Los ánimos siempre se caldean y en un pispileo ya tenemos la mesa bien servida de opiniones más o menos irreconciliables.

En lo personal, el tema de los «Cover vrs Originales» me deja con una impresión de no haber avanzado ni un paso en el entendimiento de la polémica después de una discusión.

En esta ocasión, la retomada del tema se dio en el muro de facebook. Se preguntaban si: ¿los músicos que trabajan en bandas dedicadas al cover están echando a perder la escena musical de San Salvador, o quien sabe hasta de El Salvador entero?

Por lo que pude apreciar, se referían a que las bandas de cover están acostumbrando mal al público a solamente escuchar temas de bandas de destaque internacional, y no solamente cometen el gran error de no hacer cover de bandas nacionales, sino que por alguna razón no invierten siquiera en su propia composición.

A mi ver, quizás lo único que esta fuera de lugar sea que el escenario ideal de las bandas de originales no son los bares. Los bares casi todos tienen un ambiente más descontraído (sin exigencias) y la música al vivo es solamente parte del entretenimiento principal, que es estar con los amigos disfrutando de una cerveza.

Si fuéramos a considerar los bares como el lugar ideal para las bandas de covers, entonces ¿cuál es el espacio para las bandas de originales? Propongo ese tema no porque sea realmente la solución del problema, sino para intentar otros caminos de los ya trillados en las discusiones.

Pues bien, imagino un ambiente de pequeñas salas de concierto en donde se presenten regularmente  las bandas que tienen trabajos de composición original (de su propia autoría) Pues, a mi criterio, este tipo de concierto es para bandas que tienen un cierto tipo de comunicación más exigente con el público.

Esto propone, desde ya, ciertas dificultades que ayudarían al crecimiento profesional de todas las bandas de temas originales. Exigencias que es necesario cumplir en la vida artística, y entre estas exigencias despunta una que es fundamental para las bandas: El arte escenográfico. Detalles como el guion del espectáculo, el vestuario, la iluminación y el concepto escénico total, cobran una importancia fundamental.

Si me preguntan a mí a respecto de bandas de original tocando en bares, yo diría: ERROR. Para tocar en bares no se necesitan cumplir tantas exigencias.

Aconsejaría a las bandas de música original: inventen su circuito, júntense e inventen salas de concierto. No dejen que las Iglesias de todos los santos habidos y por haber alquilen esos lugares. Formulen y presenten propuestas coherentes e inventen esa industria que ya hace años no consigue consolidarse en la vida artística de El Salvador, pese al gran talento demostrado por las bandas desde el año 2000. Año en que se lanzó el libro  del cual sustraje el primer articulo para incluirlo a seguir.

Fragmento principal de uno de los cuatro editoriales escritos para "Música.com", que fueron posteriormente incluidos en el libro “El Rock, Los Músicos: El Salvador sube al escenario” del 2004, Joel Barraza.

                                              ¿COVERS VS. ORIGINALES?

Varios aspectos en común y también las diferencias entre trabajar como músico de “covers” o de “composiciones originales”, necesitan comenzar a quedar más claras. Me arriesgo a decir que no veo motivos que justifiquen el considerar que un músico o banda que tiene un repertorio de composiciones propias, merezca un lugar más destacado que el músico que toca composiciones o covers de otras bandas. A principio solo entiendo que se dirigen a mercados diferentes.

Técnicamente hablando las dos interpretaciones necesitan de un  esfuerzo y desempeño de exigencias semejantes, tanto la ejecución del cover como la composición original necesitan el mismo rigor técnico en su interpretación en el escenario.

En primer lugar, el trabajo de composición no se hizo en el escenario y una vez completada la obra podrá entonces ser interpretada un sin número de veces ya sea por su compositor o por cualquier otro intérprete.

Recordemos que hay compositores que trabajan exclusivamente en la creación de la pieza musical y nunca se ocupan de la ejecución de esta en el estudio de grabación o en el escenario.

De allí que puede haber músicos que interpretan su propia composición y que al hacerlo se arriesgan a hacer un buen o mal cover, o dicho de otra forma, se arriesgan a una buena o mala interpretación de sí mismos. ¿O me van a decir que nunca han salido decepcionados de una presentación en vivo en que el compositor interpretándose a sí mismo arruina su propia obra?

En el momento de la ejecución ya se da por entendido que el trabajo de la composición ha concluido y que para todos los integrantes de la banda, el cuerpo, tronco y extremidades de la pieza musical ya han sido perfilados y el reto ahora será de otra índole o calidad, es decir, el de recrear la obra y darle vida frente al público.

En ese preciso momento el trabajo principal de la banda es de ejecutar lo más fielmente posible la obra en pauta y es exactamente esta tarea, la que técnicamente hablando no difiere en lo más mínimo de lo que nosotros llamamos interpretar un cover de otra banda, pues a rigor, solo hemos cambiado de la ejecución de nuestro propio material original para el de otro compositor.

Lo admirable de este tema en nuestros tiempos modernos es el advenimiento de las máquinas de grabación (entre otro millar de máquinas) porque estas permiten congelar la obra de una forma casi definitiva y con eso crean una falsa imagen entre composición e interpretación de la obra como si fueran una sola.

Y eso es medio raro, porque si por ejemplo: compuse una canción y se la di a fulanito para que la grabe, ese primer congelamiento (de una de las tantas posibilidades, pues se la podría haber dado a sutanito que tiene un estilo diferente) queda archivado como el original de la composición, cuando seria solamente la grabación de una primera versión o interpretación.

Ese hecho crea cosas bien curiosas en el mundo jurídico de los derechos de autor. En la música académica, erudita, mas popularmente clásica, o como prefieran llamarla, ocurren unos deschavetes novelescos, porque imagínense, en la mayoría de los casos las grandes compañías disqueras contratan a cierta orquesta sinfónica sobre la regencia de un cierto fulano y teniendo los solistas tales y tales. Las disqueras forman ese equipo con criterios semejantes a los que tiene el Club Real Madrid para contratar el suyo, es decir, solo firmillas que ¡baa! Que por supuesto van a dar un buen resultado en las ventas del disco, eso aunque la obra ya haya sido grabada por otros intérpretes.

Pero lo raro no es solo eso, sino que los compositores a quienes van a interpretar, es decir, los dueños de la obra, ya están enterrados desde hace siglos y no se les conocen descendientes. Por eso es que los “tipos de la película” son los intérpretes, pues de esa manera se pueden comercializar las obras que prácticamente ya no tiene dueño. En la actualidad se dice: “Von Karajan interpreta a Bach” y la gente dice: “¡me encanta Von Karajan!”.

En la época de Bach no habían estudios de grabación, por eso esa mara está libre de hacer lo que se les antoja con las obras, me refiero a los intérpretes y las disqueras, porque los compositores no han dejado una supuesta versión original ni tampoco pueden opinar.

De allí se puede tener una idea de que la composición en sí, no corresponde necesaria o directamente a una de sus tantas interpretaciónes de las que han sido grabadas o tocadas en vivo.

Pero mi única intención es darle un poco de luz a esto de la interpretación y de la composición, pues a esta altura, es mejor que me ponga claro que no estoy desacreditando el trabajo de interpretación.

Solo digo que sin mucho exagerar y desde el punto de vista de las exigencias técnicas y saliendo ya del mundo clásico y regresando a nuestro mundo de pornosites, pilsener y rock and roll, que no son pocos los casos en que las bandas de covers tocan bien, o mucho mejor la versión original; y en últimas, acaban robándole el mandado al propio dueño del original que la toca en vivo.

Y no importa si eso ocurrió un martes por la noche en el escenario de un bar insignificante en un paisito perdido de América Central ¡de pie señores!

Por eso, cuando a veces escucho decir: -“…no, yo solo toco mis propias composiciones…” y eso dicho con una pompa digna de quien acabo de descubrir la redondez de la rueda, en ese momento percibo que hay una supuesta jerarquía donde el músico que toca covers y de remate no compone, es considerado un poco menos músico que aquel que toca sus propias rolas y eso… nada a ver.

A ese respecto se me ocurre decir que son dos trabajos diferentes, dos pilares de un mismo edificio y que si hay algo interesante para discutir, seria examinar como esas dos líneas de trabajo, la composición y la ejecución, tiene cada una sus propias exigencias.

Cual es la manera de como distribuyen sus funciones en el mercado musical de trabajo, en que momento son complementarias, y cuáles son sus efectos sobre el trabajo del músico en términos profesionales. Lo demás, eso de que estoy más arriba porque compongo mis propias rolas, eso me suena a cántaro rajado.

Si hay algo en el centro de esta cuestión, no es el mérito de interpretar o componer, sino, en la calidad de la interpretación o de la composición, en la preocupación por hacer de una de esas dos posibilidades, o de las dos por igual, un producto bien acabado y de hacer un estudio mínimo sobre el aprovechamiento de este producto en el mercado.

Eso, claro, partiendo del presupuesto que a todos nos gustaría que la excelencia en el  trabajo nos traiga, entre otras resultados, cosas buenas para nuestra “vive la vida loca” y claro, eso sucederá siempre y cuando nadie tenga vocación de artista incomprendido.