EL MITO DE LA “CORA”COMO FELICIDAD INSTANTÁNEA

Lo que tenemos nosotros en nuestro día a día, es una avalancha de atractivos objetos materiales, que sin duda multiplican la felicidad en mil pedacitos de pequeñas felicidades que nos dan la impresión maravillosa de haber multiplicado nuestro dinero en abundantes y sustanciosas “coras”.

Las canastadas de prendedores de pelo, de bisutería, maquillaje femenino, llaveros, encendedores, lapiceros, etc, poseen una función mágica en nuestra manera de vivir el día a día, sin que tengamos que enfrentar de manera tajante el poco dinero de que disponemos durante el tiempo transcurrido entre quincenas.

EL SALARIO MÍNIMO

El salario mínimo presupuestado por la industria y su modelo neo liberal, se orienta en dirección a una cultura de consumo muy bien planeada y exactamente a la medida del consumidor a que se destina: La industria de lo barato y poco durable, pero sumamente atractivo y por ello indispensable. Cada quien se paga el pedacito de cielo que puede y la búsqueda de la belleza, de la felicidad, o la satisfacción es tarea diaria.

Dentro de la relación entre salario mínimo y las diez horas necesarias para ganarlo, hay una una falta de congruencia absoluta.  Salta a la vista que algo está terriblemente mal. Pero todo se compensa y gana cierta lógica, si a fuerza de consumo de tonterías y del sistema de crédito ( instancia de mas difícil acceso), ese salario ridículo, se torne fuente de felicidad y actividad económica. De allí, la importancia de la función mítica de la “cora” salvadoreña.

NO ES LO MISMO UN DÓLAR QUE CUATRO CORAS

En la economía doméstica salvadoreña el dólar es una unidad que cumple con su cometido. “A dólar”, es un precio que caracteriza lo barato y accesible. Pero el salvadoreño ha conseguido transformar esa unidad mínima en otras cuatro coritas, y una tan sola de esas coras, posee una gran presencia en su poder de trueque en nuestra manera de llevar la vida.

La “cora” es portadora de una fuerza casi mística que el menudeo le ha otorgado de una forma extraordinaria. Posibilita la adquisición inmediata de un producto a cualquier presupuesto por apretado que sea. Son coras de esto o de aquello, y los productos no se ponen mas caros; eso jamás, lo peor que puede suceder es que su valor suba a dos coras, o tres o cuatro, y a medida que se multiplican pasan a llamarse coritas. Pero nunca un producto en menudeo pasaría de cuatro coritas, pues en ese exacto momento estaría compitiendo con las tiendas de todo a dolar

LA INDUSTRIA DE LO BARATO

Pero todo eso solamente es posible debido al pegamento que junta el salario mínimo con el poder adquisitivo, y ese pegamento es la siempre milagrosa industria de lo barato. La industria de esos países que producen con el único objetivo de  ganar lo máximo a costo de bajísimos salarios, nada de garantías sociales al trabajador y ausencia total de normas de seguridad e impacto ambiental, como la industria China e India.

Porque eso es exactamente lo que encarece los productos. Esa lista de exigencias a cumplir y que los países de la industria barata nunca han tenido intenciones de respetar o se les ha obligado a no hacerlo, que es la hipótesis mas probable.

Porque si nuestro país anuncia que esta dispuesto a recibir industria extranjera, a partir de ese momento estamos entrando en la corrida por atraer una industria que muy bien puede establecerse en el país vecino.

Si para ganar esa corrida nosotros como país aceptamos ciertas condiciones abajo de los estándares internacionales, estamos haciendo exactamente lo que se espera de nosotros. Solamente de esa manera se pueden explicar los abusos a trabajadoras de las maquilas, los depósitos clandestinos de residuos contaminantes y los vertederos de residuos químicos en los ríos y nuestro ojo pacho ante esas irregularidades. Pero  hemos creado puestos de trabajo.

NADIE ESCAPA A ESTE ORDEN ECONÓMICO

De acuerdo al nivel salarial, teniendo como base el salario mínimo de doscientos y cincuenta dólares destinado a los países en vías de desarrollo, la calidad de los productos tiende innegablemente a mejora la calidad si usted gana hasta diez salarios mínimos más que la mayoría; pero nunca, en ninguna hipótesis, por mas alto el nivel salarial, llegaremos al nivel del mercado común europeo.

No solamente porque los europeos ganen mucho más y tengan mas riqueza, sino, y principalmente, porque sus productos siguen los rígidos estándares de una industria obligada por las autoridades a cumplirlos y porque esos altos salarios europeos, están destinados a otro tipo de cultura de consumo. Nuestras clases acomodadas no poseen esa cultura y no están dispuestas a pagar mas con tal de mejorar la calidad de vida de la población como un todo. Recuerden chicos: hasta nuestros ricos son ricos de tercer mundo. Hasta la próxima.

INDUSTRIA EUROPEA Y SU MODELO DE CULTURA DE CONSUMO

Los europeos poseen muchísimo menos objetos, pero de altísima calidad. El alto precio de sus productos se justifica no solamente porque no se compra un juego de muebles para que dure solamente diez años, ya no digamos absurdos dos o cinco años. Pero también, por su permanente vigilancia de los estándares industriales que cuidan de no contaminar el ambiente, de garantizar la seguridad del trabajador. Todo articulo fabricado en la Unión Europea incluye en su precio, la retirada de la basura que esos productos generan durante su proceso de producción y cuando ya vencidos, son retirados de la vida publica y sometidos a reciclaje.

En Europa, existe la clara intención de construir una cultura que retira el incentivo al consumo irresponsable y desenfrenado. No porque este tipo de consumo sea condenable por sí mismo, sino porque la parte onerosa de cualquier modelo industrial, es: ¿Qué hacer con la basura y los desechos generada por ella misma? Si un armario de madera compensada tiene una durabilidad planeada de dos o tres años ¿Donde va a parar cuando va a la basura? ¿Que decir de un microwave o una lampara de neón?

CASTIGAN SU MEDIO AMBIENTE PARA PODER VENDER BARATO

Si los productos hechos en China o la India pueden ser vendidos en el tercer mundo a precios baratísimos, es porque para fabricarlos no fue necesario mantener estándares de cuidado al medio ambiente, ni por haber cuidado de la seguridad y bienestar del trabajador, o porque están pagando el precio que cobra un gobierno por la retirada del producto cuando se convierte en chatarra. Porque existe toda una ciencia y tecnología de clasificación, reciclaje y desaparecimiento de la basura del medio ambiente, que no es nada barata.

Por ese motivo las motocicletas fabricadas en India son vendidas a precios accesibles al tercer mundo, lo mismo que las licuadoras o las planchas eléctricas chinas. No es necesario decir que a esos productos no se les permite la entrada al mercado común europeo, no porque sean particularmente de baja calidad, pero porque no están pagando su retirada del mundo a la hora que se descarten, entre otros desventajas.

CUALQUIER SEMEJANZA ES PURA COINCIDENCIA

Existe en los países europeos un mercado negro de esos productos baratos que son vendidos y comprados por inmigrantes extranjeros del tercer mundo, que al no estar establecidos legalmente y por lo tanto, al margen de  las obligaciones, derechos y beneficios del mercado común europeo,  no tienen otra alternativa, para compensar su tremenda desventaja salarial, a no ser comprando productos ilegales como cocinitas eléctricas, instrumentos de trabajo, electrodomésticos, comida y medicamentos sin prescripción médica, ni aprobados por la comunidad europea.

Si esos trabajadores del tercer mundo en Europa estuvieran en sus países de origen, a la hora en que se les arruine un aparato de esos, reaccionarían de la misma manera que nosotros los salvadoreños reaccionaríamos ante una situación semejante: Tiramos la computadora a la calle, o como decimos, a la basura. O  la venderíamos al pickup que compra aparatos que ya no le sirvan, sin importarnos donde exactamente esos desperdicios irán a parar una vez que esta gente que compra basura, extraiga lo que le interesa del interior del aparato.

Esa es la cultura de consumo a ciegas que nos ha sido impuesta. Pero vale la pena recalcar que esa cultura no esta basada en nuestra codicia, mala voluntad o falta de buenos costumbres como personas, como estamos siempre tentados a creer. No para nada.

MEA CULPA MEA CULPA

Como vemos, no se trata de salir comprando, siendo felices y patatin patatado este cuento se ha acabado. Pero no nos sintamos culpados por eso, mucho se explica por el puesto que ocupamos en el modelo económico internacional, que es el que pauta nuestra manera de consumir , lo que consumir y cuanta felicidad extraer de esa dinámica. En fin, de la cultura de consumo que nos es impuesta.

El modelo industrial y el consumo que genera, nos impone un modelo. Lo imponen a través de monopolios de mercado que elimina posibles competencias, a veces quedan relegados modelos mas ventajosas para el planeta y para nosotros. Pero, el modelo que nos imponen nos lo hacen creer como el mas apropiado, económico y divertido. Una vez que obedientemente nos tragamos el cuento, viene alguien a decirnos que nuestra falta de conciencia ambiental no conoce limites, que no pasamos de un bando de groseros ignorantes, que haciendo esto o aquello estamos destruyendo el planeta.

Es decir, se apropian de las fuentes de  agua del subsuelo para poder vender sodas y cerveza, tiran los desperdicios industriales a los ríos y los contaminan, racionan el agua o simplemente no la hay en muchas zonas de la ciudad, luego nos venden el agua en bolsas y después dicen: Que gente tan ignorante que tira la bolsita de agua a la calle. ¿Y si todos la tiráramos la bolsita plástica a la basura y fuéramos una flor de tan bellos y educados… a donde va ir a parar de cualquier manera esa basura?

De eso se trata la imposición de una cultura de consumo, de que nosotros como consumidores debemos obediencia al modelo que se nos impone, y la industria se comporta con la inocencia de quien solo quiere crear puestos de trabajo y fomentar el progreso nacional. Ese es un argumento que se ha hecho viral en la industria: Yo aquí estoy ganándome mi sustento y allí vienen estos y quieren que pague impuestos y que no tire los desperdicio en cualquier terreno baldío que este por allí… !Así no se puede!

HAY GENTE QUE VE INTRIGA EN TODO

Eso de la imposición de modelos económicos, algunos lo pueden considerar como un exagero de mi parte, pero los ejemplos pueden dar mejor idea a que me refiero: Cuando la mayor envasadora de refrescos carbonatados de El Salvador vendió la mayoría de sus acciones a una compañía de África del Sur, esta  se dedico a cambiar todo el modelo de producción e involucro a todos sus empleados en una campaña por mejorar el desempeño y etc.

Cuando los sudafricanos vieron que para que las cuentas les salieran como ellos querían, tendrían que aumentar el consumo de cerveza al doble de la cantidad que se vendía en El Salvador hasta aquel entonces, ( época en que todos nosotros nos admirábamos las sendas borracheras que nos poníamos), entonces idearon un plan para doblar el consumo de cerveza.

LA CULTURA DE LA CERVEZA EN SAN SALVADOR

Un par de años después, tenemos como resultado de las necesidades de mercado de los Sudafricanos: La cerveza ya no se promociona por su precio de oferta por botella, se paso a vender en todo los establecimientos por baldes de seis, luego paso a baldes de ocho y finalmente se implanto la helera amiga de 24 cervezas. Los supermercados, lo mismo con los famosos packs.

Se designaron días específicos para beberla con mas alegría y entre amigos. Y no son días de fin de semana, sino de semana, los jueves de amigos. Ya no se sale a beber una cerveza, salimos a hecharnos un balde. Y durante una de nuestras mas importantes vacaciones se promueven fiestas y celebraciones  cerveceras exclusivas para los jóvenes en varios puntos de las playas de El Salvador. Sin olvidar el Oktober fest.

ESOS PRODUCTOS BARATOS SON PARA NOSOTROS Y VAN A SER PARTE DE NUESTRA CULTURA, AUNQUE NO QUERAMOS

Podría seguir citando ejemplos de como se construye una cultura de consumo manteniendo la relación salario mínimo/industria de lo barato, pero para ejemplo basta un botón, como decía mi abuelita (que en paz descanse).

El Salvadoreño, de una cultura de milenios en el comercio, es hábil para encontrarle la ganancia a todo. Así que el dolar se convirtió en tiempo récord en la moneda nacional, la cultura del dolar y de las míticas «coras» nos han mostrado el lado amable de no tener mucho dinero y aun así comprar y entusiasmarse por comprar aunque sea una lija para uñas fabricada en Indonesia.

La industria de lo barato lo sabe, todo el planeta lo sabe. «Esos productos  baratos y de producción sin responsabilidad social son para nosotros, los del tercer mundo, y van a hacer parte de nuestra cultura, aunque no queramos»

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